Has terminado tu guion, ¿y ahora qué? Cómo preparar un proyecto para empezar a moverlo

 

Este es un artículo escrito por Javier H. Allely como firma invitada.

Terminar un guion debería sentirse como llegar al final del camino. Después de meses escribiendo, descartando escenas, modificando personajes y reescribiendo páginas, llega por fin ese momento en el que decides que la historia está terminada.

Pero, si queremos que ese proyecto salga de nuestro ordenador y llegue a otras personas, pronto descubrimos que comienza una segunda etapa bastante diferente.

Ya no se trata únicamente de escribir la película. También hay que aprender a presentarla.

Lo experimenté primero al empezar a mover mi guion de cortometraje SYNNOIA y, de una manera todavía más evidente, con La última lágrima del hombre (The Last Tear of Man), mi primer guion de largometraje. A partir de ahí tuve que prestar mucha más atención a cosas que durante la escritura ocupaban un lugar secundario: logline, sinopsis, pitch, dossier, primeras páginas, correos de presentación, materiales en inglés o incluso la forma de ordenar mi presencia profesional en internet.

Sigo recorriendo ese camino. No escribo esto desde la posición de quien conoce una fórmula para conseguir que un guion se produzca, porque no creo que exista. Lo hago desde la experiencia de haber tenido que aprender a preparar mis propios proyectos para que puedan ser descubiertos y evaluados por personas que no conocen previamente ni la historia ni a quien la ha escrito.

El guion completo no siempre debería ser lo primero que enviamos

Si acabas de terminar una historia, probablemente lo primero que quieras sea que alguien la lea. Es lógico: has trabajado durante meses precisamente para llegar a esas páginas.

El problema es que la persona que está al otro lado probablemente no esté esperando nuestro guion. Puede recibir muchos proyectos, disponer de poco tiempo o necesitar conocer primero qué clase de historia le estamos proponiendo.

Al empezar a mover mis propios trabajos fui entendiendo que los materiales de presentación podían funcionar como distintas puertas hacia un mismo proyecto. El primer contacto no tiene por qué explicar la película entera. A veces basta con generar suficiente interés para que la otra persona quiera saber algo más.

Siempre que puedo, prefiero presentar primero el proyecto y dejar claro que el texto completo está disponible. Así, esas veinte páginas de un cortometraje o las más de cien de un largometraje llegan a alguien que ya tiene un motivo para abrirlas.

También conviene comprobar previamente la política de cada productora o profesional. Por cuestiones legales, algunas empresas prefieren no recibir guiones, dossieres u otros materiales que no hayan solicitado. En esos casos, lo más adecuado es que el primer contacto sirva para presentar brevemente el proyecto y preguntar si existe interés en recibir más información.

Logline, sinopsis y pitch: encontrar el núcleo y saber qué contar

Cuando empecé a preparar SYNNOIA para moverlo fuera de mi círculo habitual descubrí que explicar el guion en pocas líneas podía resultar casi más difícil que escribir determinadas escenas. Conocía demasiado bien la historia y quería incluir demasiada información. Trabajar su logline me obligó a preguntarme qué era realmente imprescindible para entenderla.

En la ciencia ficción esa dificultad puede ser todavía mayor. Existe la tentación de explicar primero el mundo, las reglas, la tecnología o el contexto. Yo mismo he tenido que aprender a contener esa necesidad y hacerme antes otra pregunta: ¿qué le está ocurriendo al personaje y por qué debería importarnos?

A partir de ahí empecé a separar mejor la función de cada material. El logline concentra la esencia de la película. La sinopsis permite comprender cómo se desarrolla la historia. El pitch, en cambio, tiene que conseguir que alguien entienda por qué ese proyecto puede resultar interesante y transmitir, además, tono, conflicto y dimensión emocional.

Cuando escribimos un guion disponemos de muchas páginas para desarrollar personajes, relaciones y acontecimientos. Cuando lo presentamos quizá tengamos solamente unas líneas o unas pocas páginas. Aprender qué dejar fuera puede ser tan importante como decidir qué contar.

El dossier también necesita montaje

Una de las primeras tentaciones al preparar un dossier es intentar incluir absolutamente todo lo relacionado con la película: sinopsis, personajes, referencias, temas, imágenes, notas del autor, información técnica, trayectoria, reconocimientos, intenciones visuales...

Portada del dossier de La última lágrima del hombre (The Last Tear of Man), de J. H. Allely.

Al preparar el dossier de La última lágrima del hombre tuve que decidir qué información ayudaba realmente a comprender el proyecto y cuál simplemente añadía peso al documento. Tener mucho que contar no significa que todo deba aparecer en la primera presentación. A veces seleccionar también forma parte de presentar bien una historia.

La persona que lo recibe debería poder comprender rápidamente qué proyecto tiene delante y encontrar con facilidad la información importante. Dependiendo del caso, puede bastar con presentar el título, formato, género, logline, una descripción del proyecto, sinopsis, personajes fundamentales, situación actual e información sobre el autor.

Un proyecto puede necesitar referencias visuales o una breve explicación de su mundo; otro quizá requiera más espacio para los personajes o el tono. El dossier debería adaptarse al proyecto, no obligar al proyecto a adaptarse al dossier.

Presentar una historia sin destriparla

Este es uno de los equilibrios que más me ha costado encontrar. Hay historias que dependen mucho de aquello que descubrimos mientras avanzan. Si contamos cada giro importante en los materiales de presentación podemos eliminar parte de la experiencia que queremos ofrecer.

Pero explicar demasiado poco también puede ser un problema. Una historia con elementos particulares puede acabar pareciendo mucho más genérica de lo que realmente es.

Intento presentar con claridad el conflicto central, la dimensión emocional y aquello que distingue cada proyecto sin utilizar necesariamente todas sus sorpresas como argumento de venta.

Eso no significa ocultar el desenlace cuando preparamos una sinopsis profesional. Si la sinopsis está destinada a que alguien evalúe el proyecto, debe contar la historia completa, incluido el final. Dejarlo en el aire para generar intriga puede funcionar de cara al público, pero no cuando una productora o un profesional necesita valorar la historia.

No todo lo bueno que ocurre en una película tiene que aparecer en un dossier.

Presentar un proyecto fuera de España

Escribo desde Sevilla, pero actualmente podemos presentar un proyecto a personas situadas a miles de kilómetros sin tener que abandonar nuestra ciudad. Eso abre posibilidades que hace no tanto tiempo eran mucho más difíciles de alcanzar para un autor independiente, aunque también obliga a preparar los materiales pensando en un contexto internacional.

Al empezar a presentar La última lágrima del hombre fuera de España, ese trabajo adquirió todavía más importancia. Tuve que preparar también versiones en inglés del logline, la sinopsis, el pitch y otros materiales. Ahí entendí que presentar un proyecto en otro idioma no consiste simplemente en trasladar palabra por palabra lo que ya teníamos escrito.

Un logline tiene que conservar su fuerza, un pitch debe transmitir la misma intención, una sinopsis tiene que resultar clara y un correo de presentación debería sonar natural para la persona que lo recibe.

También he descubierto que no todos los primeros contactos profesionales tienen que producirse de la misma manera. Existen pitches escritos, comunicaciones por correo y situaciones en las que podemos presentar primero un dossier o unas páginas antes de que exista cualquier conversación.

No todos los caminos empiezan sentándonos frente a alguien en una sala. Para quienes intentamos presentar proyectos desde otro país, preparar bien la comunicación escrita puede ampliar considerablemente las posibilidades de que nuestras historias lleguen más lejos que nosotros.

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Un buen correo de presentación debería saber cuándo terminar

Cuanto más conocemos nuestra historia, más difícil resulta resistirse a explicarla. Yo mismo he ido intentando que mis mensajes sean cada vez más breves y claros.

Ahora procuro que un primer contacto responda con facilidad a cuatro cuestiones: quién soy, por qué escribo a esa persona o empresa, qué proyecto quiero presentar y qué material puedo facilitar si existe interés.

También considero importante saber a quién estamos escribiendo. No hace falta convertir cada correo en una carta interminable, pero sí tener una razón para pensar que nuestro proyecto puede encajar con el trabajo de quien lo recibe.

La web, la visibilidad y el control del material

Crear mi propia página web comenzó como una manera de mostrar mis proyectos, pero terminó sirviéndome para algo que considero incluso más importante: ordenar mi trayectoria.

Al tener que decidir qué proyectos aparecían, cómo describirlos, qué información debía ser pública y qué materiales prefería facilitar únicamente cuando alguien los solicitara, empecé a mirar mi propio recorrido desde fuera.

Ahora, cuando alguien recibe uno de mis correos, puede encontrar en un mismo lugar información sobre mis guiones, trabajos producidos, trayectoria y formas de contacto. Una web no va a conseguir por sí sola que alguien produzca una película, pero sí puede facilitar mucho ese segundo paso si una persona quiere saber quién eres o conocer otros proyectos.

También he aprendido a distinguir entre hacer visible una obra y hacer público todo su contenido. Me interesa que alguien pueda descubrir que SYNNOIA o La última lágrima del hombre existen, conocer su premisa y encontrar una forma de contactar conmigo. Eso no significa que necesite ofrecer públicamente el guion completo para descargar.

En mis proyectos prefiero que pueda solicitarse. Así puedo saber quién tiene un interés concreto y facilitar el material adecuado según la situación.

Web profesional de J. H. Allely: jhallely.com

Preparar el proyecto también puede revelar problemas en el guion

Una de las consecuencias más interesantes de todo este proceso es que intentar presentar una película nos obliga a verla desde fuera. Cuando llevamos meses trabajando en una historia conocemos cada personaje, cada giro y cada intención. La persona que recibe el proyecto no dispone de todo ese contexto.

Y entonces aparecen preguntas incómodas: ¿por qué necesito tanto tiempo para explicar el conflicto? ¿Quién es realmente el protagonista? ¿Qué hace particular esta historia? ¿Qué quiero que sienta quien la vea? ¿Por qué debería interesarle a alguien que no lleva meses viviendo dentro del proyecto?

Me ha ocurrido preparando loglines, sinopsis y pitches: a veces una dificultad para explicar algo no nace del material de presentación, sino de una cuestión del propio guion que todavía no estaba viendo con suficiente claridad.

Por eso ya no considero estos documentos únicamente herramientas para presentar una historia. También pueden convertirse en otra manera de analizarla.

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Saber cuándo dejar de preparar y volver al guion

También existe un peligro en sentido contrario: quedarnos atrapados eternamente en la preparación. Podemos cambiar una palabra del logline veinte veces, rediseñar una portada, modificar continuamente un dossier, actualizar una biografía o preparar una nueva versión del mismo correo.

En algún momento tenemos que permitir que el proyecto salga de nuestras manos. Intento llegar a un punto en el que los materiales sean claros, sólidos y fieles a la película. A partir de ahí hay cosas que solamente podemos descubrir cuando alguien externo los recibe: qué despierta interés, qué genera dudas, qué explicación sobra o qué elemento llama más la atención.

Presentar un proyecto también nos enseña a presentarlo mejor.

Pero conviene recordar para qué existen todas estas herramientas. El logline, el dossier, la web o el pitch no son la película. Su función es ayudar a que alguien quiera llegar hasta las páginas que hemos escrito.

Podemos tener un dossier extraordinario, una página web impecable o un pitch muy eficaz, pero llegará un momento en el que alguien tendrá que abrir el guion. Y entonces queda la historia.

Por eso intento que todo lo que construyo alrededor de un proyecto responda a una idea bastante sencilla: hacer más fácil que la persona adecuada quiera leerlo.

No sé todavía hasta dónde llegarán los guiones que estoy moviendo actualmente. Lo que sí sé es que el proceso de sacar primero SYNNOIA y después La última lágrima del hombre fuera de mi ordenador me está obligando a aprender una parte del camino que desconocía cuando mi única preocupación era terminar las historias.

Escribir «FIN» sigue siendo una conquista.

Si tú también estás intentando que un proyecto salga de tu ordenador y llegue a otras manos, después de terminarlo aparece una pregunta nueva:

¿y ahora cómo conseguimos que quiera abrirla?

J. H. Allely, foto cedida por él.

Sobre el autor

J. H. Allely es el nombre profesional de Javier Hinojosa Allely, guionista cinematográfico residente en Sevilla. Es guionista de los cortometrajes producidos Liberación, Nada sin ti y Mírame, y autor de los guiones no producidos SYNNOIA y La última lágrima del hombre (The Last Tear of Man). Sus trabajos han recibido premios, puestos de finalista y selecciones en distintos certámenes internacionales.

Web: jhallely.com

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